Análisis Textual, Competencia Lectora, General, Lectura Crítica, Literatura
¡Haiga … llinas!

¡Haiga … llinas!

Hace algunos días estuve en el campo, en la finca de un amigo. Una mañana escuché que un vecino de mi amigo, campesino de pura cepa, decía que su vaca, antes de parir, “gramaba y gramaba”, tan duro que no pudo conciliar el sueño; además, también se dio cuenta de que mientras su vaca “gramaba y gramaba” algunos de sus vecinos estaban “dispiertos”.

¿Debía yo, un estudioso del lenguaje, corregir a don Ramiro y hacerle notar el error en el que había incurrido, y que en realidad debería haber dicho que su vaca “bramaba” y que sus vecinos estaban “despiertos”? El hecho de que tenga la posibilidad y el conocimiento para corregir a aquel campesino “inculto” es prueba de la capacidad y efectividad comunicativas en el enunciado proferido.

En la antigüedad se preguntaban por la naturalidad del lenguaje, es decir, si existe una relación natural entre una palabra y lo que designa. Por ejemplo, si la palabra “puerta” tiene algo en su estructura formal que tenga que ver directamente con el objeto “puerta”, y que haga que una puerta no se hubiera podido llamar de otro modo; ya en nuestra época se llega a la hipótesis que el lenguaje se determina por el uso, es decir, por la forma como se usan las palabras en determinadas situaciones.

La anécdota de don Ramiro creo que respondería un poco a las dos ideas: por un lado desmentiría la hipótesis sobre la naturalidad del lenguaje; por el otro, se apoyaría en cierta medida en que el significado es el uso.

Respondiendo a la pregunta, creo que corregir a don Ramiro es totalmente innecesario e improductivo: Improductivo, ya que es un señor de 72 años con todos sus conocimientos muy bien arraigados, por lo que aun cuando reconozca que tengo razón en lo que digo, la fuerza de la costumbre lo llevará a seguir “dispertando” a la gente; además, innecesario debido a que en el contexto en el que se desarrolla toda su vida, su manera errónea de hablar le ha funcionado, le funciona y le funcionará el resto de sus largos años; entonces ¿para qué arreglar lo que está bien?

De lo que se acaba de decir se puede concluir con facilidad que el lenguaje de don Ramiro puede llegar a ser ineficaz en contextos diferentes, por lo que se puede establecer una relación estrecha entre lenguaje y contexto. Siendo esto así, no queda más que decir que mientras que haiga la posibilidad, el conocimiento y la disposición, se debe tratar de no vulnerar la lengua, sin desconocer que aun en medio de la ignorancia lingüística podemos comunicarnos efectivamente.

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2 Comentarios

  1. Jairo Alberto

    agosto 3, 2017 en 9:39 am

    Completamente de acuerdo con el contenido del artículo, pero tengo un par de sugerencias de corrección para el texto:

    1. Agregar la preposición de en: «…se llega a la hipótesis que el lenguaje se determina por el uso…». Mejor: «…se llega a la hipótesis de que el lenguaje se determina por el uso…»

    2. Tildar las mayúsculas en «ACERCA DE PAULO CESAR RICO GUTIERREZ»: CÉSAR y GUTIÉRREZ.

    Saludo cordial.

    Responder

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