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El primer día en la universidad

El primer día en la universidad

La noche anterior, uno prepara la ropita, procura que la camisa combine con el pantalón y que los zapatos estén limpios. Uno pone dos veces la alarma en el celular y se va a dormir temprano, porque al otro día nada puede salir mal.

Cuando suena la alarma, uno ya está despierto. Es el primer día en la universidad, lo que quiere decir que ya no somos niños, ahora nos vestimos con estilo y escuchamos música rara; los uniformes y el reggaetón son para escueleros, nosotros somos universitarios.

Contento y prevenido, así llega uno el primer día a la universidad. Contento porque, claro, hemos vencido a los profesores del bachillerato; y prevenido, porque en la universidad, además de edificios y decanos, hay unos tipos que, semestre a semestre, preparan con ahínco y dedicación las famosas primiparadas.

Por primiparada entendemos una serie de chanzas que los estudiantes viejos les hacen a los estudiantes nuevos, una curiosa bienvenida a la universidad. En algunos casos los mismos profesores son cómplices en las primiparadas. Las primiparadas no duelen, de pronto sonrojan, pero no tanto. Evitarlas es invocarlas, por donde quiera que pases hay un estudiante socarrón que quiere burlarse de ti. Tu cara de felicidad no miente, eres primíparo.

—Es inevitable Sebastián, en serio, hay que pagar la primiparada.

Las primiparadas son independientes de la inducción a la universidad, que tiene lugar una semana antes de iniciar las clases. En la inducción se familiariza al estudiante con la planta física y con el funcionamiento de la universidad, todo lo que tiene que ver con horarios, eventos, notas, registros y procesos para llevar a cabo tal o cual cosa.

Si uno asiste a la inducción puede que no caiga tan inocente en las primiparadas, pues no hay nada más raro que llegar el primer día a la universidad, cuando algunos ya son amigos, y decir, frente a un montón de gente desconocida “buenos días, ¿esta es la clase de francés?”. Si nadie responde nada, y todos te miran como conejos salvajes frente a una zanahoria jugosita, corre, amigo, corre.

Cuando uno es primíparo piensa que los primíparos no deberían existir, que qué pecado; pero con el tiempo va cambiando de parecer: cuando ve llegar, contentos y prevenidos, a los nuevos primíparos.

El primer día en la universidad Juan Carlos Gómez

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4 Comentarios

  1. Jhonny Cárdenas

    marzo 22, 2014 en 11:30 am

    ja ja ja ja, muy bueno Juan ca… es inevitable pasar por la primiparada….

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  2. Mauricio

    marzo 31, 2014 en 2:50 pm

    Una de las primiparadas más frecuentes;yo la hice varias veces en el primer semestre; era llegar tarde y para cavar de ajustar ingresar al salón equivocado. Claro había gente más que no se salía hasta que no terminara la clase, yo en cambio, como muchos, prefería escuchar las risas del grupo y del profesor mientras salía e ir a buscar mi grupo.

    Responder

  3. nelson

    junio 22, 2017 en 9:59 am

    como cuentero creo que es un buen abre-bocas para lo que pudo haber sido una muy buena historia.

    Responder

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